El resplandor del instrumento

La elección del instrumento no es necesariamente el primer paso para adentrarse en el mundo de la música, si bien es el más común. La guitarra y el piano copan los primeros puestos en las listas de preferencia de los jóvenes, aunque hay quien se decanta por otros más extravagantes, como Lorenzo Díaz, pamplonés de 16 años que toca el fagot desde los diez. El fagot es un instrumento de viento-madera con doble lengüeta y pertenece a la familia del oboe. “Desde pequeñito me atrajeron los sonidos graves, y mi padre, amante de la música de Mozart, me convenció para que empezara a tocar el fagot. Al principio fue muy duro porque requería mucha más dedicación y más horas de ensayo que la guitarra, que es lo que tocaban algunos de mis amigos, pero llegas a acostumbrarte a ese ritmo de exigencia”.
El fagot y el oboe siguen siendo instrumentos minoritarios, escondidos en los últimos lugares de las mencionadas listas de preferencia de los jóvenes músicos. La mayoría opta por la guitarra y muchos de ellos se decantan por seguir el camino de los cantautores. “Es lo más sencillo para empezar, no necesitas a nadie, lo que te permite aprender y avanzar sin ningún tipo de presión”. Esto declara Juan José Solís, de 26 años y cantautor en su tiempo libre. Juan José comenzó a componer canciones y a tocar la guitarra española a los 14 años. “Cuando era un adolescente con la cara llena de granos me pasaba el día componiendo canciones. Si tenía un minuto libre sacaba mi libreta y me ponía a escribir. Por la tarde cogía mi guitarra y ensayaba diferentes ritmos. La noche era para Serrat. Podía pasarme horas y horas escuchándole”.
Formar un grupo es otra posibilidad. Un grupo musical se articula en torno a una idea común acerca de la música. Algo que va más allá de simples gustos, tendencias o proximidades geográficas entre sus componentes. Existen tantas concepciones diferentes como grupos hay en el mundo, y no siempre resulta sencillo encontrar personas que compartan una misma visión. Carlos Gimeno, de 21 años, estudiante de Administración y Dirección de Empresas, puede confirmarlo. “Cuando llegué a la universidad lo primero que hice fue colgar un anuncio en la cafetería de la facultad, con la esperanza de encontrar a alguien con quien formar un grupo de música pop”. Pese a que habló con unos cuantos candidatos, el proyecto no salió adelante. “Resulta frustrante entrevistarte con compañeros de la universidad y no encontrar a nadie que comparta tu idea acerca de la música. Cuando les decía que mi intención era crear una música directa y sencilla se echaban atrás”. Carlos tuvo que comenzar un proyecto en solitario. “Era la única opción, no podía dejar de tocar la guitarra por este contratiempo, así que ahora toco y canto mis propias canciones, a pesar de que mi voz es comparable a la de un gato moribundo”. Carlos comienza a reír y entre carcajada y carcajada saca fuerzas para lanzar una pregunta: “Si Calamaro o Coti venden discos con esa voz, ¿por qué no iba a hacer yo lo mismo?”.
Todo músico tiene un ídolo, aunque lo normal es que tenga varios. Cuando charlas con una de estas personas resulta inevitable tratar el tema de las influencias musicales que le han acompañado en su andadura. En la mayoría de los casos, es la propia influencia de estos artistas la que empuja a los jóvenes a embarcarse en la aventura de elegir un instrumento y ensayar hasta dominarlo. Cuando Juan José menciona a Serrat, sus ojos cobran un brillo especial. Deja claro que para él no es un artista más o menos bueno. “Los ídolos para un músico son algo más que artistas o que un espejo en el que reflejarse. Se trata de algo más profundo, es compartir una idea compleja de lo que es la música, el amor o la propia existencia”. Carlos también menciona la capacidad de admiración que despiertan en él ciertos artistas. “Hay compositores que son capaces de expresar con sencillez un concepto que tú llevas meses intentando esbozar”.
El grupo vallisoletano “Inquilinos del sonido” lleva años ensayando en el sótano de la casa de Manuel, uno de sus componentes. El grupo lo forman Ignacio Abellán (voz), Juan Miguel Rodríguez (guitarra), Lope Muñoz (batería) y Manuel Agudo (bajo). Sus ídolos: Radio Futura. Ya se han cumplido tres años desde que comenzaran sus incursiones musicales como miembros de un mismo grupo. A pesar de los enfados y discusiones que han tenido lugar en este periodo de tiempo, Los inquilinos del sonido aseguran que formar un grupo es la mejor decisión que han tomado en su vida. “Tienes una mayor responsabilidad, aprendes a trabajar en grupo y te das cuenta de que siempre se pueden hacer las cosas de maneras muy diferentes”. Manifiesta Lope antes de ser interrumpido por Juan Miguel, que matiza la idea: “Te ayuda a salir del egocentrismo propio del músico”.
La música ocupa un lugar importante en los sueños de muchos adolescentes y jóvenes en todo el mundo. Parece que con el tiempo la pasión se diluye y las melodías y acordes pasan a ser simples recuerdos. En la juventud de estos músicos vocacionales la música formaba parte de ellos, y con los años pasó a ser sólo una compañera. El fin se convirtió en medio. Alfredo Castellón, abogado de 42 años recuerda con añoranza los años en los que lucía melena rubia, sentado al frente de una batería Yamaha. “Era joven, estaba en la universidad y viví mi etapa rebelde, algo que de vez en cuando echo de menos”. Alfredo también tuvo un ídolo: John Bonham, batería de Led Zeppelin. “Era una especie de dios para mí. Intentaba copiar al detalle todos sus gestos y trataba de imitar sus ritmos, aunque rara vez conseguía mi objetivo. He de admitir que yo no era precisamente un prodigioso de la percusión, pero al menos le ponía empeño”.
Si por algo se caracteriza la sociedad del siglo XXI es por su carácter marcadamente utilitarista. Siguiendo el dictado de lo útil, el número de matriculados en licenciaturas como Administración y Dirección de Empresas aumenta, ya que ofrece al estudiante una formación práctica que le va a servir con inmediatez en el desempeño de su trabajo. La música, en cambio, no parece encajar en el esquema utilitario que marca la sociedad. Diego Abascal, profesor de Lenguaje Musical en el Conservatorio santanderino Jesús de Monasterio, lo explica: “Es una pena pero la música no es útil en el sentido en que lo es una carrera como Medicina. La música nunca ha dejado de ser un fin en sí misma, pero eso hoy día carece de valor: la gente reclama medios, no fines”.
Convertirse en un verdadero músico profesional requiere una dedicación completa y no todo el mundo puede permitírselo. “Los adolescentes – dice Diego Abascal – disponen de mucho tiempo libre y apenas están sujetos a obligaciones. Se meten en el mundo de la música con entusiasmo, pero en el fondo lo consideran un entretenimiento más que un arte. Esto explica que con el paso de los años dejen la música de lado y se dediquen a algo que ellos, o sus padres, consideran más productivo”. Pero no todos ven el arte de la música como mero instrumento. “También hay chicos, de 13, 15 años, que ven algo más en los acordes que tocan o en las piezas que interpretan. Estos chicos puede que en un futuro no se dediquen profesionalmente a ello, pero al menos habrán aprendido algo importante”.
La música no distingue de sexos. Laura Argüelles estudia Psicopedagogía en la Universidad de Oviedo. A los 9 años sus padres le regalaron un violín, y hoy, recién cumplida la mayoría de edad, ya forma parte de una orquesta ovetense. “Los chicos y chicas que tocamos un instrumento como el violín tenemos muy claro que no vamos a ganar grandes sumas de dinero, que no vamos a tener fama ni cientos de fans. Esto es algo que motiva a muchos jóvenes a meterse en el mundo de la música”. Laura estudia Psicopedagogía con el fin de dedicarse en un futuro a la docencia musical. “Mi sueño es mucho más sencillo, sería feliz enseñando el valor de la música a gente que de verdad quiera aprenderlo, creo que no existe nada más gratificante”.
La edad tampoco es un problema. A pesar de que lo usual es comenzar a una edad temprana, hay quien empieza su andadura en el universo de la música con unos cuantos años a la espalda. Es el caso de Fernando Echegaray, de 33 años. Sólo hace diez meses que se apuntó a clases de piano. “A veces resulta duro comprobar como niños de 7 años aprenden con una rapidez diez veces superior a la tuya”. Fernando trabaja como dependiente para una conocida cadena española de ropa. Una mañana se despertó con la certeza de que faltaba algo en su vida. “Trabajo como dependiente desde hace años pero no me sentía realizado. Un día, mi sobrino me convenció para que fuera con él a las clases de piano. No sé cómo me metí en este embrollo, pero funciona. Creo que la música puede llenar la vida de una persona”.
Fernando, Diego, Manuel, Laura, Carlos…Su concepto de la música difiere en aspectos superficiales, pero en el fondo hablan de la misma cosa. Los rayos que desprenden el resplandor de la música penetran en jóvenes y adultos de manera dispar. Parece que existe cierto carácter aleatorio, algo de desorden, pero a todos les une algo en común, una idea arraigada de lo que significa la música, la importancia de saber que hacen algo que es valioso en sí mismo.
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Benito Rodríguez Alonso







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Son las 02:23 de la madrugada y acabo de llegar al piso. Tres horas antes me encontraba en la última fila de la sala 3 de los cines Saide Carlos III, en la calle Cortes de Navarra, 7. Para llegar hasta allí puedes coger los autobuses 4, 8, 9, 12 y N7; Nosotros (Javi, Dani, Miguel Ángel y yo) decidimos ir andando.
El gran eresfea escribió una vez, y aquí tiro de memoria porque no estaría bien recurrir a la hemeroteca de su blog, que Pequeña Miss Sunshine tenía un buen comienzo y un buen final, pero que en el tránsito que discurre entre esos dos puntos no podía parar de pensar en la estructura del guión. Es algo que me sucede a menudo. No con Pequeña Miss Sunshine. Tampoco con Zodiac. Supongo que no depende tanto de lo marcada o evidente que sea ésta estructura como del grado de conexión que logres alcanzar con alguno de los personajes, con el director, con la historia, con la banda sonora o con un simple frase del guión. Este último ejemplo lo experimento muy a menudo. Podéis leer la entrada que dediqué a Largo domingo de noviazgo hace un tiempo. Una película, por cierto, que tiene mucho en común con Zodiac. Al menos para mí.
Cojo la fotogramas que tengo a mi lado, con Tobey Maguire en portada, después de pasar por la mejor clínica dermoestética que existe: Photoshop. Leo un par de críticas al azar.
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"El peón que olvidó su camino". Por Benito. R. Alonso
"El amigo de todos" Por Benito R. Alonso




