miércoles, enero 24, 2007

La eterna espera

Las primeras canas empiezan a aparecer en la cabeza del general. Él, sin embargo, aún no se ha percatado. Permanece recostado en el sofá, junto a la estufa de porcelana blanca que da calidez a la enorme habitación de su mansión. Tiene 63 años.

Finalmente se levanta con la ayuda de un bastón de cabeza de marfil y se viste con un traje negro: el mismo que se pone día tras día. Camina hasta la ventana, y desde allí observa un punto en la lejanía. Sin moverse, con una mirada imposible de descifrar. Tras sus ojos aparentemente inexpresivos puede distinguirse un leve brillo. Nadie sabe que se esconde tras ese resplandor.

Se acerca hasta el escritorio y coge la campanilla. La agita y uno de los criados que tiene a su disposición aparece con inmediatez. Poca gente llama al general por su nombre: Henrik. Quizá la razón sea que el respeto que infunde al resto de las personas obliga a éstas a no tomar demasiada confianza. Esa es la sensación que embarga ahora al joven criado. Las palabras que intercambia con el muchacho están cargadas de egolatría, vanidad y un marcado sentimiento de superioridad. De esta forma le ordena que mande preparar el almuerzo.

Unos minutos más tarde, abandona su mansión, como todos los días, para dar un paseo por el bosque y el lagar. La soledad envuelve cada uno de sus gestos. Se manifiesta en su andar, en sus punzantes silencios. El mejor de los médicos de Hungría no sería capaz de diagnosticarle su enfermedad. Le diría que está sano, pero da la impresión de que padece una de esas enfermedades que hieren lo más profundo de uno mismo. Aquellas que ningún medicamento puede curar.

No es la primera vez que este tipo de enfermedad parece envolverle. Cuando tenía diez años, su padre, guarda imperial de gran prestigio, decidió mandarle a una escuela militar de Viena. Allí, el general padeció los mismos síntomas, pero sanó poco después de conocer al que sería su alma gemela durante 22 años: su amigo Konrád. Las oscuras y frías paredes de la mansión del general, donde tantos veranos pasó Konrád junto a su amigo, no han vuelto a escuchar su nombre. Lo último que el general supo de él es que una mañana, hace 31 años, huyó al trópico.

En cuanto al amor, Henrik lo encontró una vez. Se llamaba Krisztina. Una mujer indomable, que nada ni nadie podía contener. A pesar de que pertenecían a mundos diferentes, pronto se enamoraron y decidieron casarse. Recuerda el general que la mañana que Konrád huyó del país fue, precisamente, la última vez que intercambió una palabra con su mujer. El general decidió irse a vivir a la casa del bosque, que estaba a dos horas de camino de su mansión. Así vivieron separados, sin verse, durante ocho años, hasta que Krisztina enfermó y murió. Fue entonces cuando el hijo del guardia imperial regresó a su mansión. Nadie sabe con certeza qué pasó aquel día.

El general da por concluido el paseo y regresa a su hogar. Una vez allí, se asoma a la ventana otra vez. Alguien podría decir que está absorto en el pasado. Lo cierto es que más que mirar al pasado, parece que esperase el futuro. Su mirada habla: “paciencia, paciencia”. Dice que hay algo en él que debe resolverse. Hasta entonces se mantendrá a la espera.

"El amigo de todos" Por Benito R. Alonso

4 Comments:

Blogger Beni said...

Os explico. Esto que os he dejado aquí es un perfil literario que hice hace unos meses. Para los que no estéis muy puestos en el tema, un perfil literario es una especie de retrato psicológico sobre una persona, para intentar conocer de él algo más que sus rasgos físicos o a qué se dedica. En este caso concreto, el perfil es sobre un personaje: Henrik, el protagonista de la novela de Sándor Márai "El último encuentro".
A ver que os parece.

24 de enero de 2007, 23:30  
Blogger Antonio said...

Este texto te merece.

26 de enero de 2007, 17:17  
Blogger Beni said...

jaja, gracias Nioto. Me alegro de que te guste.

Por cierto, ya que eres mi fan número 1 te adelantaré una primacia: en cuanto acabe los exámenes (el 7 de Febrero)voy a ponerme las pilas para empezar a escribir relatos en condiciones. Ya tengo unas cuantas ideas apuntadas por ahí. Te los iré pasando según los vaya terminando.

Mi intención es presentarlos a un par de concursos literarios que hay en mayo. Si estás interesado en participar en uno de ellos (el otro es sólo para los de mi uni)dímelo y te explicaré cómo funciona el asunto.

26 de enero de 2007, 23:06  
Blogger Antonio said...

jejeje pues de momento te dire k no, pero si paso los examenes k tngo ahora, y me dan ganas de escribir, ya te lo dire.

Haber que tal te salen, y si hay premio de por medio.. ya sabes, a tu fan Nº 1 ! xD

27 de enero de 2007, 16:42  

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